Categorías
¿Qué podemos trabajar en terapia?

En Kintsugi abordamos diferentes áreas de la vida y brindamos terapia adaptada a tus necesidades:

Somatización: cuando las emociones también hablan a través del cuerpo

Somatización
Imagen de Laura Campos
Laura Campos

Psicóloga en Granada (Nº Col. A018760) especializada en TOC, TCA, gestión emocional y atención infantojuvenil.

Tabla de contenidos

¿Alguna vez has sentido un dolor, mareo o una presión en el pecho y, después de varias pruebas médicas, te han dicho que todo está bien?

Esta situación puede resultar muy frustrante. Muchas personas llegan a pensar que nadie las entiende o que quizá todo está en su ‘cabeza’. Sin embargo, existe una realidad que conviene conocer: las emociones también pueden expresarse a través del cuerpo y eso es lo que conocemos como: somatización.

Es importante aclarar algo desde el principio: somatizar no significa imaginarse los síntomas ni fingirlos. El dolor es real y merece la misma atención y cuidado que cualquier otro problema de salud.

¿Qué es la somatización?

La somatización es la aparición de síntomas físicos que están relacionados, en parte, con factores emocionales o psicológicos.

Esto no significa que exista una enfermedad ‘inventada’, sino que el cuerpo puede manifestar el estrés, la ansiedad o un malestar emocional mantenido mediante síntomas físicos reales.

Nuestro organismo y nuestra mente están profundamente conectados. Cuando atravesamos una situación de tensión durante mucho tiempo, esa activación puede terminar reflejándose en diferentes partes del cuerpo. Por eso, hablamos de la importancia de entender la salud desde una perspectiva global, en la que cuerpo y mente trabajan conjuntamente.

¿Cómo influye en el sistema nervioso?

Cuando percibimos una amenaza o vivimos una situación estresante, nuestro sistema nervioso activa la conocida respuesta de lucha o huida.

En ese momento se producen numerosos cambios en el organismo:

  • aumenta la frecuencia cardiaca;
  • la respiración se acelera;
  • los músculos se tensan;
  • cambia la actividad digestiva;
  • el cuerpo se prepara para reaccionar.

Este mecanismo resulta muy útil cuando el peligro es puntual. El problema aparece cuando el organismo permanece en estado de alerta durante semanas o incluso meses. En este caso, el cuerpo continúa funcionando como si tuviera que protegerse constantemente y, es entonces cuando, pueden aparecer diferentes molestias físicas.

Síntomas físicos más habituales de la somatización

Cada persona puede experimentarla de una forma diferente, pero algunos de los síntomas más frecuentes son:

  • dolor de estómago o molestias digestivas;
  • tensión muscular o contracturas;
  • dolores de cabeza frecuentes;
  • mareos o sensación de inestabilidad;
  • presión o molestias en el pecho;
  • sensación de falta de aire;
  • cansancio constante;
  • hormigueos o sensación de adormecimiento;
  • molestias intestinales.

Estos síntomas pueden aparecer de forma puntual o mantenerse durante largos periodos de tiempo. Lo importante es recordar que el dolor es real, aunque el origen no sea exclusivamente físico.

¿La somatización significa que ‘todo está en mi cabeza’?

No. Esta es una de las ideas equivocadas más frecuentes. Cuando una persona somatiza, no está inventando los síntomas ni exagerándolos.

Lo que ocurre es que el sistema nervioso y las emociones están influyendo en el funcionamiento del organismo. De hecho, la evidencia científica demuestra que existe una estrecha relación entre el estrés mantenido, la ansiedad y la aparición de determinadas molestias físicas.

Por eso, escuchar el componente emocional no significa restar importancia al síntoma, sino comprenderlo de una forma más completa.

¿Cómo diferenciar una somatización de otro problema de salud?

No siempre es posible hacerlo por uno mismo. Muchos síntomas físicos pueden tener un origen médico y necesitan una valoración adecuada. Por eso, el primer paso siempre debe ser acudir a un profesional sanitario para descartar enfermedades o causas orgánicas que puedan explicar lo que está ocurriendo.

Solo cuando esa evaluación médica se ha realizado y no explica completamente el malestar, puede ser útil explorar si existe un componente emocional implicado. No debemos asumir que un síntoma físico es una somatización sin haber descartado antes otras posibles causas.

¿Cuándo acudir al médico?

Es recomendable consultar con un médico cuando:

  1. aparece un síntoma nuevo o intenso;
  2. el dolor persiste en el tiempo;
  3. existe un empeoramiento progresivo;
  4. aparecen señales de alarma como pérdida importante de peso, fiebre, dificultad respiratoria intensa o cualquier otro síntoma que requiera valoración médica.

Recibir un diagnostico adecuado es el primer paso para cuidar nuestra salud.

¿Cuándo puede ayudarte un psicólogo?

Si las pruebas médicas no encuentran una explicación suficiente y observas que los síntomas empeoran en momentos de estrés, ansiedad o preocupación, puede ser útil consultar con un psicólogo.

La terapia no busca convencerte de que ‘todo está en tu cabeza’, su objetivo es ayudarte a comprender cómo están influyendo las emociones en tu bienestar físico y enseñarte herramientas para reducir la activación del sistema nervioso y gestionar el malestar de una forma más saludable.

Muchas personas descubren que, al trabajar sobre la ansiedad, el estrés o determinadas preocupaciones, sus síntomas físicos también disminuyen.

La importancia de cuidar tanto el cuerpo como la mente

Durante muchos años hemos entendido la salud física y la salud mental como si fueran dos cosas independientes, sin embargo, hoy sabemos que ambas están profundamente conectadas.

Escuchar lo que el cuerpo intenta comunicar no significa dejar de lado la medicina, sino complementarla con una mirada más amplia. Porque cuidar tu salud emocional también es una forma de cuidar de tu cuerpo y, entender esa relación puede ser el primer paso para recuperar el bienestar.