Categorías
¿Qué podemos trabajar en terapia?

En Kintsugi abordamos diferentes áreas de la vida y brindamos terapia adaptada a tus necesidades:

¿Porqué me cuesta tanto pedir ayuda aunque sé que no estoy bien?

Hiperindependencia y autoexigencia. Ayuda psicológica.
Imagen de Laura Campos
Laura Campos

Psicóloga en Granada (Nº Col. A018760) especializada en TOC, TCA, gestión emocional y atención infantojuvenil.

Tabla de contenidos

Hay personas que pasan años sosteniéndolo todo solas. Siguen trabajando, cuidando de los demás, resolviendo problemas y funcionando aparentemente “bien”, incluso cuando por dentro sienten agotamiento, ansiedad o una sensación constante de desborde emocional, sin ser capaces de pedir ayuda, por el mero hecho de »no molestar».

Muchas veces saben que no están bien, lo notan en el cansancio mental, en la dificultad para desconectar, en la irritabilidad o en la sensación de estar sobreviviendo más que viviendo. Y aun así, pedir ayuda sigue costando muchísimo.

No siempre es porque no quieran mejorar. A veces tiene más que ver con cómo han aprendido a relacionarse consigo mismas y con los demás: desde la autoexigencia, la hiperindependencia y la sensación de que tienen que poder con todo solas.

La idea de “yo puedo sola”

Muchas personas han aprendido desde pequeñas que, ser fuertes significa no necesitar demasiado de nadie. Ser resolutiva, aguantar, no molestar o seguir adelante incluso en momentos difíciles acaba convirtiéndose en una forma habitual de funcionar.

El problema es que, con el tiempo, pedir ayuda puede empezar a sentirse como una debilidad o un fracaso personal.

Entonces aparecen pensamientos como:

No debería sentirme así.
Hay gente peor.
Ya se me pasará.
Tengo que aprender a gestionarlo sola.

Y mientras tanto, el malestar sigue creciendo.

En muchas mujeres esto, además, se combina con una gran carga de responsabilidad emocional: cuidar, sostener, estar pendientes de los demás y priorizar continuamente las necesidades ajenas antes que las propias.

Cuando pedir ayuda genera culpa

Una de las razones por las que cuesta tanto pedir ayuda psicológica es el miedo a convertirse en una carga.

Hay personas que, sienten que expresar lo que les ocurre puede: preocupar, molestar o incomodar a los demás. Debido a eso, minimizan constantemente cómo se sienten.

Aprenden a decir:

“Estoy cansada, pero bien.”
“Solo estoy estresada.”
“No es para tanto.”

Aunque, por dentro, lleven mucho tiempo sosteniendo ansiedad, tristeza o agotamiento emocional.

El problema es que, cuanto más se normaliza ese sufrimiento silencioso, más difícil resulta reconocer cuándo realmente se necesita apoyo.

La hiperindependencia también puede ser una forma de protección

Muchas veces la dificultad para pedir ayuda no nace solo de la personalidad, sino también de experiencias previas.

Personas que han aprendido a no depender emocionalmente de nadie, que han sentido que tenían que resolverlo todo por sí mismos o que no encontraron apoyo suficiente en ciertos momentos pueden desarrollar una gran necesidad de autosuficiencia.

Desde fuera, esto suele verse como fortaleza pero, por dentro puede generar muchísimo cansancio emocional.

Porque vivir sintiendo que siempre tienes que poder sola implica no permitirte parar, descansar o apoyarte en otros incluso cuando realmente lo necesitas.

Y eso, termina pasando factura.

El miedo a ir a terapia

Aunque cada vez se habla más de salud mental, todavía existen muchos miedos alrededor de la terapia psicológica.

A algunas personas les preocupa sentirse juzgadas. Otras creen que “su problema no es lo suficientemente grave” como para pedir ayuda. También hay quien teme remover emociones incómodas o enfrentarse a cosas que lleva mucho tiempo evitando.

En muchos casos, la terapia sigue asociándose a la idea de “estar muy mal”, cuando en realidad muchas personas empiezan precisamente porque llevan demasiado tiempo funcionando desde el agotamiento, la ansiedad o la autoexigencia constante.

No hace falta tocar fondo para pedir ayuda. Y no necesitas estar completamente desbordada para empezar a cuidarte.

Aguantar demasiado antes de parar

Uno de los patrones más frecuentes en personas muy autoexigentes es esperar hasta no poder más.

Van aguantando mientras pueden seguir funcionando:
● aunque duerman mal
● aunque vivan en tensión constante
● aunque la ansiedad esté cada vez más presente
● aunque se sientan emocionalmente agotadas

El problema es que acostumbrarse al malestar hace que muchas señales de ansiedad se vuelvan invisibles. La persona deja de preguntarse cómo está porque lleva demasiado tiempo sobreviviendo en automático.

Y cuando finalmente se plantea pedir ayuda, suele hacerlo desde un nivel de desgaste muy alto.

¿Pedir ayuda significa ser débil?

Vivimos en una cultura que valora muchísimo la productividad, la autosuficiencia y el “seguir adelante”. Por eso muchas personas sienten que deberían poder gestionar todo solas.

Pero necesitar apoyo emocional no significa ser menos fuerte, significa: ser humana.

La terapia no consiste en que alguien “te arregle”. Consiste en tener un espacio donde poder entender qué te está pasando, dejar de sostenerlo todo en silencio y aprender formas más sanas de relacionarte contigo misma.

Muchas veces, pedir ayuda no es rendirse. Es dejar de exigirte sobrevivir sola todo el tiempo.

Empezar a priorizarte también se aprende

Para muchas personas, priorizarse genera incomodidad al principio. Están tan acostumbradas a ocuparse de todo lo demás que dedicarse tiempo o espacio emocional puede sentirse egoísta.

Pero cuidar de tu salud mental no significa dejar de cuidar a los demás. Significa dejar de desaparecer tú en el proceso.

Y, aunque cueste, aprender a pedir ayuda también puede formar parte de sanar.

Soy Laura Campos, psicóloga especializada en ansiedad y gestión emocional. Trabajo acompañando a personas que llevan demasiado tiempo sosteniéndolo todo solas, viviendo desde la autoexigencia, el cansancio mental o la sensación de no poder parar.

La terapia puede ayudarte a entender qué te está ocurriendo, aprender a relacionarte de otra forma contigo misma y dejar de vivir constantemente desde la alerta o la obligación de poder con todo.

No tienes que esperar a estar completamente desbordada para empezar a cuidarte