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¿Qué podemos trabajar en terapia?

En Kintsugi abordamos diferentes áreas de la vida y brindamos terapia adaptada a tus necesidades:

Cuando tu peor enemigo es la forma en la que te hablas

Creencias limitantes
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Laura Campos

Psicóloga en Granada (Nº Col. A018760) especializada en TOC, TCA, gestión emocional y atención infantojuvenil.

Tabla de contenidos

‘No soy suficiente.’

‘Seguro que lo hago mal.’

‘Siempre acabo decepcionando a los demás.’

Muchas veces pensamos que las palabras que más nos afectan son las que escuchamos de otras personas. Sin embargo, las frases que más repetimos a lo largo del día suelen ser las que nos decimos a nosotros mismos, ese diálogo interno influye en cómo afrontamos los problemas, cómo nos relacionamos con los demás y cómo nos sentimos con nosotros mismos. Cuando es excesivamente crítico, puede alimentar la ansiedad, debilitar la autoestima y reforzar creencias limitantes que llevamos años arrastrando.

La buena noticia es que esa voz también puede cambiar.

¿Qué es el diálogo interno?

El diálogo interno es la conversación que mantenemos con nosotros mismos de forma constante. A veces aparece de manera consciente, pero la mayor parte del tiempo funciona de forma automática.

Está presente cuando:

  • valoramos cómo ha salido una reunión;
  • cometemos un error;
  • recibimos una crítica;
  • nos enfrentamos a un reto nuevo;
  • pensamos en nosotros mismos.

Ese diálogo puede ser de apoyo y comprensión o, por el contrario, convertirse en una fuente constante de exigencia y juicio.

No se trata de pensar siempre en positivo, sino de que la forma en la que nos hablamos sea equilibrada y realista.

¿Cómo identificar una voz interna demasiado crítica?

Muchas personas conviven con una voz crítica desde hace tanto tiempo que llegan a pensar que simplemente «son así».

Algunas frases habituales son: ‘Nunca hago nada bien.’, ‘No debería sentirme así.’, ‘Seguro que piensan mal de mí.’, ‘Tengo que hacerlo perfecto.’, ‘Siempre decepciono a los demás.’, o ‘No soy capaz.’.

Con el paso del tiempo, estos pensamientos dejan de cuestionarse y empiezan a vivirse como si fueran hechos. Sin embargo, pensar algo no significa que sea cierto. La voz crítica suele ser exagerada, inflexible y poco compasiva. Además, aplica un criterio que rara vez utilizaríamos con otra persona.

¿Le hablarías así a alguien a quien quieres?

Imagina que un amigo comete un error importante en el trabajo.

¿Le dirías?:

‘Eres un desastre.’

‘No sirves para esto.’

‘Siempre lo haces todo mal.’

Probablemente no.

Lo más habitual sería decir algo como:

‘Ha sido un error. A cualquiera le puede pasar.’

‘Seguro que puedes solucionarlo.’

‘Esto no define quién eres.’

Sin embargo, cuando somos nosotros quienes fallamos, el tono cambia completamente. Nos exigimos más, nos castigamos más y somos mucho menos comprensivos. Esa diferencia es una de las señales más claras de que nuestro diálogo interno necesita atención.

La relación entre el diálogo interno y las creencias limitantes

Nuestro diálogo interno no aparece de la nada. En muchas ocasiones está construido sobre creencias limitantes que hemos aprendido a lo largo de la vida.

Si desde pequeños hemos recibido mensajes como:

‘Tienes que hacerlo perfecto.’

‘No molestes.’

‘No llores.’

‘Siempre puedes hacerlo mejor.’

Es posible que, de adultos, nuestra voz interna reproduzca esos mismos mensajes, por eso muchas personas creen que su autocrítica forma parte de su personalidad, cuando en realidad está alimentada por aprendizajes antiguos.

Con el tiempo, el diálogo interno y las creencias limitantes se retroalimentan. La creencia genera el pensamiento. Y el pensamiento refuerza la creencia.

¿Cómo afecta un diálogo interno negativo a la autoestima?

La forma en la que nos hablamos tiene un impacto directo sobre nuestro bienestar emocional.

Un diálogo interno excesivamente crítico puede favorecer:

  • baja autoestima;
  • ansiedad;
  • perfeccionismo;
  • miedo al fracaso;
  • dificultad para tomar decisiones;
  • necesidad constante de aprobación;
  • sensación de no ser suficiente.

Además, cuando solo prestamos atención a nuestros errores e ignoramos nuestros logros, terminamos construyendo una imagen distorsionada de nosotros mismos.

No vemos quiénes somos realmente, sino quién creemos que deberíamos ser.

Cómo empezar a construir una voz interna más compasiva

Cambiar el diálogo interno no significa dejar de reconocer nuestros errores. Significa aprender a hablarnos con el mismo respeto y comprensión que ofreceríamos a alguien a quien queremos.

Algunas preguntas que pueden ayudarte son:

¿Esta forma de hablarme me ayuda o me perjudica?

A veces confundimos la autocrítica con la motivación. Sin embargo, castigarnos constantemente rara vez nos ayuda a crecer.

¿Qué pruebas tengo de que este pensamiento es cierto?

Muchas veces damos por hecho pensamientos que nunca hemos cuestionado. Preguntarnos si existen evidencias reales puede ayudarnos a ver la situación desde otra perspectiva.

¿Qué le diría a un amigo si estuviera pasando por esto?

Este ejercicio suele revelar lo diferente que tratamos a los demás y a nosotros mismos.

Cambia el tono, no la realidad

No se trata de repetir frases positivas que no creemos. Se trata de sustituir mensajes como: ‘soy un desastre.’ por otros más ajustados a la realidad: ‘Hoy me he equivocado, pero eso no define quién soy.’

La diferencia parece pequeña, pero tiene un enorme impacto en la forma en la que gestionamos nuestras emociones.

La terapia puede ayudarte a cambiar esa voz

Cuando llevamos años escuchando el mismo discurso interno, es fácil pensar que nunca cambiará. Sin embargo, el diálogo interno puede transformarse.

En terapia trabajamos para identificar de dónde vienen esas creencias, comprender por qué siguen presentes y desarrollar una forma de relacionarnos con nosotros mismos mucho más amable y realista.

Porque la persona con la que más vas a hablar durante toda tu vida eres tú mismo y, aprender a hacerlo desde el respeto, también forma parte de cuidar tu salud mental.