Categorías
¿Qué podemos trabajar en terapia?

En Kintsugi abordamos diferentes áreas de la vida y brindamos terapia adaptada a tus necesidades:

Por qué tu mente no para: rumiación, control y ansiedad

Ansiedad
Imagen de Laura Campos
Laura Campos

Psicóloga en Granada (Nº Col. A018760) especializada en TOC, TCA, gestión emocional y atención infantojuvenil.

Tabla de contenidos

Hay personas que sienten que su mente nunca descansa. Incluso cuando aparentemente todo está bien, siguen pensando en conversaciones pasadas, escenarios futuros, posibles errores o cosas que podrían salir mal. Intentan relajarse, distraerse o dormir, pero la cabeza continúa funcionando como si no pudiera apagarse.

Muchas veces esto se describe como »pensar demasiado», pero detrás suele haber un proceso muy relacionado con la ansiedad: la rumiación mental.

La rumiación aparece cuando la mente entra en un bucle constante de pensamientos repetitivos. La persona, intenta entender, analizar, prever o resolver algo una y otra vez, creyendo que, pensar más le ayudará a sentirse tranquila. Sin embargo, normalmente ocurre lo contrario: cuanto más intenta encontrar respuestas, más atrapada se siente dentro de sus propios pensamientos. http://psyclinic.es

Cuando pensar deja de ayudar

Reflexionar sobre un problema no es negativo en si mismo. Pensar nos ayuda a tomar decisiones, aprender o adaptarnos a situaciones difíciles. El problema aparece cuando el pensamiento deja de tener una función útil y se convierte en una actividad constante y agotadora.

La mente ansiosa suele vivir en estado de anticipación. Busca controlar lo que podría pasar para reducir la incertidumbre y evitar el malestar emocional. Debido a eso, aparecen pensamientos como:

¿Y si ocurre algo malo?

¿Y si me equivoco?

¿Y si debería haber actuado de otra manera?

La persona, intenta encontrar la solución perfecta o la certeza absoluta, pero como esa tranquilidad nunca llega el todo, la mente sigue trabajando sin descanso.

Muchas veces no se trata de resolver un problema real, sino de intentar reducir la sensación interna de inseguridad o ansiedad.

El bucle mental de la ansiedad

Uno de los aspectos más frustrantes de la rumiación es que parece útil mientras ocurre. Pensar constantemente genera una sensación momentánea de control, como si mantenerse alerta ayudara a prevenir errores o evitar el sufrimiento.

Sin embargo, ese alivio dura poco. La mente vuelve rápidamente a activarse y aparece la necesidad de seguir pensando, revisando o analizando.

Así se crea el bucle mental: la ansiedad genera necesidad de control, el control lleva al sobreanálisis y el sobreanálisis termina alimentando aún más la ansiedad.

Con el tiempo, muchas personas sienten que viven atrapadas dentro de su propia cabeza. Les cuesta desconectar incluso en momentos tranquilos porque, el cerebro se ha acostumbrado a funcionar desde la vigilancia constante 

Vivir en alerta sin darte cuenta

La rumiación no siempre se percibe como ansiedad. De hecho, muchas personas creen simplemente que son muy responsables, muy perfeccionistas o, que «piensan demasiado las cosas».

Pero cuando la mente permanece constantemente activa, el cuerpo también acaba viviendo en alerta. Aparece cansancio mental, dificultad para descansar, sensación de saturación y una incapacidad cada vez mayor para desconectar.

Es frecuente que, la persona siga funcionando en su día a día mientras convive con pensamientos constantes, dudas repetitivas o, una sensación permanente de tensión interna. Y, precisamente por eso, puede tardar mucho tiempo en darse cuenta de que lo que está viviendo no es de normal tranquilidad, sino de ansiedad sostenida.

La necesidad de control y la intolerancia a la incertidumbre

En el fondo, gran parte de la rumiación tiene que ver con la dificultad para tolerar la incertidumbre. La mente intenta adelantarse a todo para sentirse segura. Quiere prever lo que ocurrirá, evitar errores y, encontrar respuestas definitivas.

El problema radica en que, hay muchas cosas que no pueden controlarse completamente y, cuánto más intenta la persona eliminar la duda o asegurarse de todo, más fuerte se vuelve la necesidad de seguir pensando.

Por eso, muchas personas sienten que nunca llegan a una conclusión suficiente. Siempre queda algo más que revisar, analizar o anticipar.

Cuando la mente no descansa

Vivir durante mucho tiempo dentro de este bucle mental puede resultar agotador. No solo afecta al descanso, sino también a la capacidad de disfrutar, concentrarse o estar presente en el momento.

Muchas personas describen la sensación de estar físicamente en un sitio mientras, mentalmente siguen atrapadas en preocupaciones, pensamientos futuros o conversaciones internas interminables.

Y, cuánto más tiempo pasa, más normal se vuelve vivir así.

¿Se puede salir de éste patrón?

Si, aunque normalmente no ocurre intentando controlar todavía más los pensamientos. La solución no suele estar en encontrar la respuesta perfecta, sino en cambiar la relación que se tiene con la propia mente.

En terapia psicológica, se trabaja en comprender qué mantiene el bucle de ansiedad, qué función cumple la rumiación y cómo aprender a tolerar la incertidumbre sin quedar atrapada constantemente en el pensamiento.

Porque, el problema no es tener pensamientos. Todos pensamos. El problema aparece cuando, la mente deja de ser un espacio donde reflexionar y se convierte en un lugar del que parece imposible salir.